El introvertido que aprendió a ser extrovertido

Recientemente en la empresa donde trabajo hubo una iniciativa para tratar de mejorar la comunicación entre los miembros del equipo de liderazgo. El ejercicio consistió en dos evaluaciones diferentes.

La primera fue realizada por una asesora de comunicación intrapersonal que nos pidió rellenar un formulario para obtener el reporte Insights Discovery. Esta es una prueba de personalidad basada en la teoría del psiquiatra Carl Jung. Arroja una serie de métricas que ubican a la persona dentro de 4 colores: azul, verde, amarillo o rojo, cuyas características principales se muestran en la imagen a continuación.

En principio la idea me pareció charlatanería, algo para malgastar recursos. Pero resultó ser el punto de partida de un proceso de introspección, búsqueda y entendimiento personal que ha durado un año.

El resultado de mi prueba arrojó una personalidad “Creativa, inspiradora y asistente”. De acuerdo a este ejercicio mi personalidad ensambla dos lados opuestos: azul y amarillo, con una fuerte tendencia al verde y un mínimo de rojo.

El resultado de mi prueba de personalidad “Insights Discovery”

Aunque el reporte, que fue generado por computadora, nunca me llegó a convencer tuve la oportunidad de tener tres sesiones con la asesora. Una fue en conjunto con el equipo de liderazgo y las otras en un encuentro personal. Con ello aprendí que:

  • El tipo de personalidad que arrojó el test es compartida por sólo el 8% de la población.
  • Este tipo de personalidad es muy común en personas que empiezan empresas.
  • Necesito mucho trabajo creativo (normalmente en solitario) para desarrollarme.
  • Y lo más importante: soy capaz de pasar de la introversión a la extroversión de un momento a otro lo cual dificulta la imagen que otras personas tienen de mi. Soy muy difícil de leer.

Era la primera vez que me decían tan claramente que soy introvertido, quizás por ello no lo tomé tan enserio.


La segunda, hecha recientemente, fue una evaluación de desempeño de 360° entre los miembros del equipo. Fue realizada por una sicóloga que trabaja como coach de ejecutivos. Consistió en un archivo de Excel donde cada uno tenía que redactar cinco puntos positivos y cinco puntos a mejorar sobre cada uno de los otros.

En mi resultado sobre los puntos a mejorar los otros miembros del equipo arrojaron la misma observación de diversas formas: no me expreso lo suficiente en las reuniones ejecutivas, y en general que me hace falta hablar más. Algunos incluso lo catalogaron de indiferencia.

El documento fue acompañado de una reunión personal con la coach. A lo largo de unos minutos de intercambio en los que ella me preguntó más detalles personales llegó a decirme muy claramente: “eres un introvertido que aprendió a ser extrovertido”.

Esta vez sí resonó. Sobre todo porque comenzó a darme más de detalles personales que ella obviamente ignoraba, especialmente sobre mi composición familar y mi entorno social en la infancia.


Después de esto me puse a encontrar recursos para aprender sobre la introversión. Obviamente encontré lo clásico, el estereotipo, con lo cual no me veo muy identificado.

Fue hasta que la indagación me llevó al libro Quiet de Susan Cain que todo cobró sentido.

Quiet: The power of introverts in a world that can’t stop talking de Susan Cain

Gracias al libro fui capaz de entender cómo en los países occidentales la extroversión es vanagloriada, símbolo de inteligencia, capacidad y la única cuna de logros. Claramente el ejemplo principal son los EE.UU. pero creo que en México también se llega a exagerar esto.

Llegué también a comprender claramente el origen de muchos comportamientos que tengo y que siempre pensé que eran una cuestión mental que padezco. Lamentablemente también llegué a entender que como introvertido puedo sentir mucha culpa por dichos comportamientos ya que no concuerdan con lo que mis padres y la sociedad me venden como modelo.

Y fue ahí cuando me vino la ola de recuerdos. Desde cómo en mi infancia siempre preferí la calma, leer, escuchar música y cómo todo eso era criticado abiertamente en casa. Cómo era arrastrado (literalmente) a fiestas, que para los introvertidos causan muchísimo desgaste, y obligado a participar en los bailes y actos públicos muy a pesar de mi negación (en una ocasión me escapé de una de esas fiestas, causándome más problemas).

Recordé cómo siempre he preferido tener muy pocas relaciones personales y ser llamado “fresa” por ello.

También comencé a hacer asociaciones sobre el tipo de sociedad que hay en el Istmo de Tehuantepec y la necesidad de ser extrovertido o ser excluído.

Al final cedí, alrededor de los 15. Creo también que fue más bien propiciado en su inicio por el alcohol.

Aprendí a pasar por extrovertido, hasta cierto punto, y ahora llego a entender por qué dicha “actuación” me causaba tanto mal humor en el resto del día. Aún sigo padeciendo esto ya que mi función requiere reuniones innecesarias con personas intransigentes durante varios días a la semana.

Entendí por qué al llegar a casa lo primero que hago es irme a un rincón a pasar el tiempo solo con la guitarra o con la computadora o con un libro y con los audífonos puestos. Mi actual función laboral me drena.

Entendí porque me parece innecesaria la plática informal sobre bebés y fines de semana que hay en la hora del almuerzo de la oficina y por qué prefiero quedarme callado a menos que se hable de política, cambio climático o filosofía.

Finalmente entendí por qué, al ser el único introvertido del equipo de liderazgo, los extrovertidos creen que no participo en las reuniones ejecutivas, es más bien que ellos nunca pueden guardar silencio y escuchar el uno al otro, es más bien que la expectativa que la sociedad tiene sobre un líder en una reunión no encaja con mi personalidad.

Es aquí donde se le da la vuelta al asunto ya que en diversas ocasiones señalo cuestiones que realmente considero importantes, no doy mi opinión si no creo que añadiré a la conversación y, sobre todo, dejo hablar a los demás y escucho atentamente.

Lo curioso es que en los puntos positivos de la evaluación de 360° señalan: “construir visión”, “sabe lo que quiere y lo hace”, “escucha atento”, “comunicación eficiente”, “empodera a su equipo”.

Leer el libro ciertamente me ha cambiado el panorama y mi opinión sobre mi mismo. Además me ha hecho saber que si quiero sobresalir necesito más trabajo creativo que realmente esté alineado con mis valores.

Aunque pude “pasar” en ciertas formas como extrovertido me veo ahora como un río que no puede evitar llegar al mar. Ya no siento que tengo que ocultar mi verdadera naturaleza.


Our culture made a virtue of living only as extroverts. We discouraged the inner journey, the quest for a center. So we lost our center and have to find it again.

Nuestra cultura hizo de vivir sólo como extrovertidos una virtud. Desanimamos el viaje interior, la búsqueda por un centro. Así perdimos nuestro centro y debemos encontrarlo nuevamente.

Anaïs Nin

Ahora soy padre de una introvertida. Si no fuera por lo aprendido recientemente hubiera podido cometer muchos de los errores que me afectaron personalmente. Tengo más herramientas y quiero ayudarla a llegar a donde ella lo desee, el viaje apenas comienza, seguiré aprendiendo al respecto.

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